Inicio Foros Escalada, alta montaña y esquí de travesia Aiguille du Midi: “Arista de los Cósmicos” (AD, mixto, 4b)

Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Sergio Marco hace 4 años, 4 meses. This post has been viewed 1571 times

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    Sergio Marco
    Moderador

    Este invierno no ha cuajado ningún viaje de hielo y la cantidad de proyectos acumulados alcanza niveles peligrosos. Llega el mes de Junio y pensamos que el macizo del Mont Blanc puede ser el lugar ideal para saciar nuestra hambre de roca, hielo y nieve.

    29 Mayo 2015

    Ya que el viaje es largo, hay que intentar asegurar meteo y elegir el finde bueno. Los billetes de avión los pillamos con menos de una semana de antelación, y claro, ya no son tan baratos como otras veces. Por ahorrar 40€ decido que me voy en el vuelo de las 6 de la mañana, paso el día en Bérgamo y así me encargo de recoger el coche de alquiler y comprar un par de botellas de gas. Parece fácil…

    Después del madrugón (el despertador ha sonado hoy a las 4:30!!) llego a Bérgamo bastante “zombi” y me voy directamente a por el coche de alquiler. Llámalo “coche” o llámalo llavero. Ellos lo llaman Cinquecento, que como uno es de ciencias, ya entiende que aquello será más pequeño aun que nuestro querido seiscientos. Con ese maletero en el que sólo entra una carpeta colocada en vertical, no logro imaginar como meteremos 4 petates de 15 kg, 4 mochilas de 10kg y 4 alpinistorros de bota rígida. Me viene a la memoria Mr. Bean y su flamante auto.

    Además del gas, tengo alguna otra cosa que comprar.

    Primera parada, en un hipermercado tipo Auchan. Papel higiénico, algo de almuerzo y barritas. El Cinquecento es de embrague flojo y se cala en las subidas y cuando los de atrás te pitan en los semáforos.

    Segunda parada, en un Decathlon. Pese a estar a tiro de piedra de los Alpes, tienen de todo menos material de alpinismo y gas con botella de rosca. Y lo que es peor, no saben dónde puedes encontrar gas.

    Tercera parada, en la farmacia de Orio al Serio (el pueblecito que da nombre al aeropuerto de Bérgamo), donde venden una crema de labios de protección +50 (Total Block) que te deja los labios muy blancos, tipo esquiador italiano, por unos “míseros” 15€. Después de tal robo a mano armada, me da un ataque de sueño y caigo dormido en una cuneta a la sombra junto al campo de fútbol. Treinta minutos después, una señora me golpea la pierna mientras me grita: “Ragazzo! Tutto bene?” Le digo que sí. Que “tutto bene” hasta que ha llegado ella y las hormigas. A los 10 minutos, el hijo de la señora aparca junto a mi Cinquecento. Y repite la operación: “Ragazzo! Tutto bene?” Aquí ya se me va el sueño y me viene el hambre.

    Kebab rápido en Bérgamo y continúo con la búsqueda del gas. Una tienda de montaña por aquí, otra cerrada por allá, y finalmente me mandan al lado de Decathlon, a un Cisalfa muy grande donde hay de todo menos botellas de gas tamaño normal. Sólo una de las pequeñas y una de las grandes. Cogeré esas, que aún nos quedaremos sin gas para estos días. Son las siete de la tarde, estoy aburrido de pasearme por Bérgamo a lo Benny Hill y tengo ganas de ver a los colegas. No sé si me ha salido a cuenta venir tan pronto. Qué duro es esto del alpinismo de ciudad.

    Son las 12 de la noche cuando llega el trío calavera. Nuestro coqueto coche blanco está a punto de estallar como un huevo podrido cuando nos colocamos los cuatro dentro y cerramos las puertas. La gente nos señala y se ríe a boca abierta.

    A las 3 de la madrugada llegamos a Chamonix bajo una fuerte tormenta que no nos deja más opción que dormir en un depósito de sal. Sueño con camiones de tres ejes que vienen en plena noche a descargar toneladas de sal sobre nuestras cabezas, con ese pitido tan molesto que hacen cuando conectan la marcha atrás.

    30 Mayo 2015

    Los camiones en realidad iban a descargar al Carrefour que hay aquí al lado. Son las 9 de la mañana y ya es hora de darle alegría al cuerpo Macarena.

    Nos disfrazamos de alpinistas en la meca del alpinismo y cogemos el teleférico de la Aiguille du Midi.

    Arriba hace un “fresquibiri” acorde con la altitud. Nos colocamos el arnés y dejamos una cuerda a mano. Que vienen curvas.

    Al final del túnel de hielo, una valla separa dos mundos y evita que los turistas tengan un resbalón letal.

    Acces interdit aux pietons.

    Orgasmo repentino al cruzar la valla. Entre la hipoxia, los 25 kilos de la mochila, la estrecha huella y las pocas horas de sueño, cuesta echar fotos y disfrutar de las vistas. Pero qué vistas!

    Las Grandes Jorasses emergiendo sobre las nubes y un descenso que no admite fallos.

    Nos repartimos en dos cordadas totalmente independientes. Hugo y Alejandro llevan el nivel de ansia bastante alto. Sin llegar al plateau glaciar, se desvían a la derecha y atacan sin contemplaciones la Rebuffat de la cara sur de la Aiguille du Midi, tope clásica! Aquí, su relato de la escalada.

    Nasta y yo no lo vemos tan claro. El día está muy nublado y no nos vemos con el nivel suficiente como para pelear con largos de 6a de autoprotección sobre fisuras verglaseadas.

    Mejor montamos el campamento tranquilamente y nos vamos a la arista de los Cósmicos.

    Para ver el croquis, clic con el botón derecho del ratón, abrir enlace en una ventana nueva

    Mientras tanto, a escasos metros de nosotros, Hugo y Alejandro pelean con la travesía del primer largo.

    Ambientazo garantizado!

    Leyendo reseñas, optamos por ir con una cuerda de 60 metros y un piolet por persona. Las primeras rampas desde el abrigo Simond parecen sencillas y casi sin pasos en roca.

    De momento no nos encordamos. Pendientes de 45º como máximo y buena huella.

    Nubes que van y vienen y que a ratos nos dejan disfrutar del paisaje.

    Tenemos que llegar hasta la punta de la derecha, donde hay una cordada montando un rápel.

    Vistazo atrás, hacia Nasta, en estas sencillas pero algo expuestas, palas de nieve.

    Los de la cordada de delante están acabando de rapelar. Uno de ellos se mira la suela de la bota. Como si hubiera pisado una caca de perro. Pero aquí no suben perros.

    Según reseñas, el rápel es destrepable, pero la caidita es de órdago y no cuesta nada sacar las cuerdas.

    Nasta llegando a la siguiente instalación de rápel. Tramo horizontal sobre arista de nieve bien estrechita.

    Aquí, un servidor en ese mismo paso.

    Nasta en el siguiente rápel.

    El inicio es algo incómodo. Desciende una corta goulotte para terminar en una repisa que queda a mano derecha.

    La estrecha repisa…

    …finaliza con un corto resalte bastante peleón (empotradores)…

    …donde ayudan mucho los pies tallados en la roca. Lo nunca visto oiga!

    Continúo yo con otro largo de cuerda, descendiendo un par de metros desde el hombro donde estaba Nasta, para encarar un estético corredor a 45º. Reunión en un gran bloque a lacear.

    Por ahí viene Nasta. Estamos rodeando la primera torre de la arista.

    Desde la reunión que he montado no parece factible continuar a plena cresta, por lo que destrepamos (paso largo) entre dos grandes bloques y llegamos a una zona con nieve.

    Una trepada y una travesía sencilla nos dejan al pie del paso clave y característico de la arista. Una placa de granito perfecto que se supera con pasos de escalada de cuarto grado.

    Un seguro fijo bastante alto protege el paso. Viene bien colocar algún friend en las fisuras previas, indispensable colocar los crampones en los 3 o 4 tallados que encontraremos y una vez en la repisa, atravesar hacia la derecha para ascender por una estrecha goulotte de hielo.

    El largo es más sencillo de lo que parece desde fuera. A continuación, con una corta travesía a izquierdas, pasaremos a la otra vertiente, para ascender por unas goulottes-chimeneas que suelen estar heladas y con abundantes pasos en mixto.

    La roca es muy buena y las posibilidades de colocar seguros son muchas.

    Otro relevo en cabeza de cordada. Lo único que no utilizamos fueron tornillos de hielo, no había suficiente espesor.

    El sistema de goulottes finaliza en una amplia repisa nevada, con una reunión equipada a mano izquierda.

    Desde aquí, apenas nos quedan unos metros para subir por una escalera metálica y finalizar la vía justo en uno de los miradores de la Aiguille du Midi. Menos mal que no son horas de paparazzis y la meteo no acompaña.

    Oímos a Hugo y Alejandro, que justo ahora llegan al final de la vía. Qué pena no tener mejor visibilidad, porque nos hubiéramos tirado buenas fotos.

    Detalle de la fina arista de nieve, justo antes de encaramarnos a la escalera que se bambolea.

    Desde la terraza de los turistas entraremos a un laberinto de túneles donde podemos encontrarnos con cualquier cosa. Desde cuartos de baño calentitos hasta museos con fotos de nuestros ídolos: Walter Bonatti, J.C. Lafaille, Catherine Destivelle… Para los huecos en blanco ya les hemos mandado alguna foto nuestra con el tamaño adecuado.

    Regresamos a la tienda muy contentos con la actividad, que nos ha parecido más entretenida de lo esperado. Con la dificultad justa (AD según reseñas) y un ambiente del copón. Nos ha costado unas 4 horas de tienda a tienda y no hemos encontrado apenas tráfico, el día tampoco invitaba a masificaciones.

    Mientras tanto unos lejanos gritos, nos dejan algo preocupados: “Mierdaaaaaaaaa! Otra vez las puuuutas cuerdas!!”

    Hugo y Alejandro tienen problemas para rapelar la vía. Durante unos segundos, se abren las nubes y alcanzamos a verlos. Aún están muy arriba y quedan pocas horas de luz.

    La Rebuffat no sigue un trazado nada rectilíneo y en cada rápel diagonal aparecen las temidas “fisuras tragacuerdas” que obligan a remontar la cuerda para desengancharla o realizar rápeles muy cortitos.

    Total, que tiene toda la pinta de que se les va a hacer tarde. Y aún les queda montar la tienda.

    Nosotros vamos adecentando la casa y fundiendo nieve. Parece que falta el aire!

    Ya todos reunidos en el campamento, podemos celebrar nuestro primer día en las alturas. Un lugar idílico para pasar la noche. El mismo paisaje que vio nuestro amigo “S” hace apenas unos días, la noche en que algo (todo) falló, dejándonos a todos enfadados con el destino.

    Su último paisaje.

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